Como todos los días, me dispuse a apretujarme en el subte con cientos de desconocidos, oliéndonos mutuamente, compartiendo nuestro sudor, compartiendo el diario... apoyandonos. Acto ya naturalizado en nuestras vidas. Así se empieza el día en Porteñolandia, así se termina la jornada laboral, en Porteñolandia...

Sonaban algunos
hippie tracks en mis oídos, y sólo me remití a seguir el ritmo con mi pie izquierdo. Pasaron las estaciones, subieron algunos, bajaron otros. Cada vez menos espacio para respirar, cada vez el aire más y más denso. Mas apretado.
Apretaito.
Para cuando el subte llegó a Catedral, mi cerebro estaba abrumado, confundido, entre tanto aroma, ya no podía distinguir olor a pata del olor a chivo, ni una apoyada violenta de una amorosa tocada de culo. Las puertas del subte se abrieron. Recibí la bocanada de aire semifresco de la estación, pero no fue suficiente para recuperar el oxígeno que mi cerebro necesitaba. Estaba perdida.
Comenzé a caminar por el andén, y me di cuenta que no era esa la salida habitual del subte. Me perdí entre las combinaciones. A medida que abandonaba la línea D y me acercaba a "la A", la gente comenzaba a cambiar. Dejaba de ver jopos cool... la gente se fue tornando antigua, como personajes de época. Siempre que viajo en "la A", sobre todo cuando se apagan las luces del vagón, imagino que al prenderse la gente cambiará por personajes de época, como un traspaso dimensional, un viaje en el tiempo, un Back to the Future, un viaje astral, un portal energético. Eso. Sentí que había atravesado un portal energético cuando salí del subte. Miré a ambos lados y, como siempre que pienso que atravesé un portal energético, me creí en México. "Genial, no voy a laburar" - pensé. Esa sensación extraña de desolación, de haber perdido el volante, la brújula, el GPS interno, de ver rostros desconocidos, en un entorno desconocido, cuando se suponía que debía ocurrir algo completamente diferente.
Dos segundos de lucidez me fueron concedidos, y al voltear vi el Cabildo, vi esas diagonales desconocidas, esa salida de subte que apareció justo ahí, para mí. Para que arranque el día distinto, como un flash de pepa. No sé.
De alguna manera, sirve para auto-reafirmar la creatividad de un niño, las ganas de volar...
voolaree... uoooo