martes, 17 de mayo de 2011

Confieso

Que estuve no menos de quince minutos buscando el cinturón negro.

Para ayudar a la imaginación los voy a situar como corresponde:
-Lugar: mi "cuarto" (pieza para otros; alcoba para los distintos)
-Horario: pasaditas las 07.00 hs
-Estado: Panza llena, corazón dormido. (Ligero mareo luego de las 50 vueltas que di en escasos m2)

Miro alrededor y no lo encuentro (que raro che, siempre los dejo por ahí). Voy al estante donde duermen enrolladitos, tampoco está.
Bueno, lo dejé puesto en algún pantalón. Negativo, están todos libres de ataduras. Chequeo la cama de Pollito, claro ahora que no está se transformó en mi depósito de ropa, y siguiendo la dinámica anterior no logro ubicar el maldito cinturón.

Este proceso se va repitiendo, alterando el orden de los lugares que reviso pero con la estúpida ilusión de encontrarlo buscando siempre en los mismos sitios (claro, los únicos donde podrían llegar a estar el bendito cinto negro)

Me doy por vencida, voy a seguir cambiandome. Camisa, zapatos....un momento!! Que es lo que veo??
Sí señores, el cinturón que tanto busqué estuvo todo este tiempo alrededor de MI cintura.


Aplausos a la genialidad matutina.

2 comentarios:

  1. Siempre sospeché de vos... sos una mujer extraña, J.
    ¿Dónde está esa cabecita a las 7am?



    ¿Dónde están mis manos...??? oh.. sobre el teclado! jajajaa

    ResponderEliminar
  2. mmmm si fuese vos me cuidaría de donde están mis manos después del comentario que acabas de hacer.

    jajaja

    ResponderEliminar